Escrito por el diciembre 10, 2023

NCS DIARIO/GENTE

Lídice

Franck Fernández

Hace una temporada atrás un cubano, miembro del Partido Comunista de Cuba, me decía exaltado que los “criminales norteamericanos” habían tirado 2 bombas atómicas sobre Japón. Entonces le respondí: – Cierto, ¡los pobres japonicitos estaban en sus campos de arroz sembrando y llegaron los crueles americanos y tiraron las bombas! ¿Me pregunto si piensan igual los manchúes, chinos, coreanos, filipinos, hongkoneses, malayos, birmanos y otros ciudadanos de territorios ocupados por los japoneses? Que un miembro del Partido Comunista de Cuba me dijera tamaña insensatez no era de asombrar. Sabemos que para ellos los norteamericanos son la génesis de todos los males. No dejamos de ver las apologías sobre el horror de los miles de víctimas inocentes fallecidas debido a los bombardeos norteamericanos sobre ciudades alemanas y japonesas a finales de la Segunda Guerra Mundial.

En el recinto principal de la Universidad de La Habana, desde hace unos 70 años, existe un parquecito que lleva el nombre de Lídice. Y es precisamente de Lídice y de otros 3 ejemplos de atrocidades cometidas por los alemanes y japoneses durante la IIGM de los que les quiero hablar.

Me pregunto si por el hecho de haber muerto a manos de norteamericanos, las víctimas alemanas y japonesas son más dignas de recogimiento que las víctimas de muchos otros países por donde pasaron las tropas de Alemania, Japón e Italia. No podemos olvidar que Hitler, Mussolini y Yamamoto fueron aupados, aplaudidos y seguidos por turbas enardecidas de sus conciudadanos. En el caso de Hitler, incluso votaron por él. Y como lo hemos visto en muchas veces en nuestra sufrida patria también había hordas de golpeaban a quienes no bajaran la frente.

Solo quiero mencionar cuatro nombres aislados: Lídice, Odour-sur-Glane, las Fosas Ardeatinas y el Escuadrón 731.

En 1936 Hitler se anexionó toda Checoeslovaquia so pretexto de tomar solo los Sudetes. Como protector del nuevo país vasallo se nombró a Reinhard Heydrich. Dos partisanos checoeslovacos lograron atacar su Mercedes Benz con una bomba cuando se dirigía al Castillo de Praga. Los dos atacantes lograron huir y esconderse en una iglesia ortodoxa para ser capturados más tarde. Pero el furor de Hitler fue tal que, como represalia, pidió que pagara un pequeño pueblo llamado Lídice. Después de la llegada de los soldados alemanes a Lídice, todos los hombres fueron fusilados y las mujeres y niños fueron enviados a campos de concentración. Algunos niños fueron enviados a Alemania para su arianización. Después el pueblo fue completamente dinamitado. No quedó piedra sobre piedra. De 105 niños solo 17 regresaron.

Odour-sur-Glane era un pequeño poblado de la región del lemosín francés. Los aliados ya habían desembarcado en Normandía y el malestar alemán era tal que soldados de la SS, que llegaron sin previo aviso una tarde al pueblo, eliminaron a todos sus habitantes. Las mujeres y los niños fueron conminados a entrar a la iglesia, donde fueron fusilados y quemados vivos. Los hombres también fueron fusilados. Algunos, con ayuda de unos sacerdotes, lograron esconderse en el foso de una abadía cercana. 642 víctimas inocentes.

A la caída de Mussolini, Italia fue invadida por Alemania. En Roma, un grupo de italianos del norte de Italia que hablaba alemán se había unido al ocupante. Los partisanos le hicieron un atentado muriendo 31 traidores. Hitler, enfurecido, pidió la cabeza de 10 italianos por cada uno de los suyos. En total en las Fosas Ardeatinas, antiguas minas a las afueras de Roma, fueron fusilados 350 inocentes.

Cerca de la ciudad de Harbín, en Manchuria china, que después de la invasión japonesa en 1937 fue convertida en el Imperio de Manchukuo, vasallo del imperio japonés, se fundó el Escuadrón 731. Este escuadrón tenía por misión estudiar la propagación de enfermedades, el desarrollo de nuevas armas y la resistencia a condiciones extremas y todo esto sobre seres humanos que fueron sometidos a los más atroces sufrimientos. Para estos experimentos no solo se utilizaron prisioneros chinos. Cualquier no japonés era bueno como conejillo de indias. Nunca se sabrán cuántas fueron las víctimas inocentes.

Hitler consideraba que todas las razas eran inferiores, salvo la aria. Su política de exterminación de otras razas a la larga se hubiera dirigido en caso de victoria del nazismo contra italianos y japoneses, sus aliados. Pero no solo ellos. Los españoles y los latinoamericanos también hubiéramos sufrido las mismas consecuencias porque, para Hitler, éramos inferiores. Los judíos, gitanos, deficientes mentales y eslavos solo fueron los primeros en una larga lista de razas y grupos étnicos que debían desaparecer. La única excepción hubieran podido ser quizás los ingleses, porque Hitler admiraba ese país. ¿Debemos o no agradecer a los norteamericanos y al resto de los aliados que nos libraron de tal horrible peste, al precio que fuera?

¿Son menos inocentes aquellos que no murieron en los bombardeos norteamericanos?

Les invito a visitar mi canal de historia en YouTube “Franck Fernández Historia” para otras historias acompañadas de música, películas y fotos.


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