Escrito por el noviembre 24, 2023

NCS DIARIO/OPINIÓN

Las precampañas. Un primer apunte

Inosente Alcudia Sánchez

Este lunes, 20 de noviembre, iniciaron las precampañas por la presidencia de la República. Encarreradas, Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez continuaron las giras por el país que habían emprendido como dirigentes de sus respectivas alianzas partidistas, ahora cumpliendo la formalidad que les marca la ley y presentándose ante sus simpatizantes como precandidatas únicas. Como se veía venir, a la competencia se sumó Samuel García, el precandidato de Movimiento Ciudadano (Moci) y gobernador de Nuevo León, que compite haciendo dueto con su esposa, la influencer y especialista en redes sociales, Mariana Rodríguez.

Si atendemos esta etapa como un punto de partida hacia las elecciones del próximo junio, no hay variaciones sustanciales en las preferencias electorales: la precandidata de Morena va a la cabeza, seguida dos dígitos atrás por la aspirante del Frente opositor (Coalición Fuerza y Corazón por México) y, en un lejano tercer lugar, el representante de Moci. Lo nuevo, en esta etapa, son las herramientas del proselitismo: los medios de comunicación se inundarán de spots o anuncios de los partidos y de sus precandidatos, lo que permitirá a la ciudadanía –se supone- tener un mayor conocimiento de los contendientes.

De aprovechar las oportunidades que ofrece esta etapa, la oposición puede ser quien obtenga más beneficios, ya que su candidata es la que tiene el mayor déficit de conocimiento entre el electorado. Algunas encuestas indican que, al arranque de la precampaña, Xóchitl Gálvez es conocida sólo por el 50 por ciento de la población; por lo que, estas semanas de intensa difusión pueden ampliar sustancialmente el número de mexicanos que graben su nombre, comiencen a seguir su historia, su narrativa, su discurso, de manera que en enero inicie la campaña con un mejor posicionamiento. Aunque, curiosamente, los anuncios de Xóchitl fueron los menos difundidos en esta primera semana.

Desde luego que el oficialismo arrancó dispuesto a no ceder ni un punto de su ventaja. Así que, para responder al previsible crecimiento electoral de la señora X, han lanzado una embestida que va por tres vertientes: Primera, la difusión de una multitud de encuestas que le otorgan a su candidata ventajas inverosímiles sobre Xóchitl Gálvez, a fin de sembrar la percepción de que “este arroz ya se coció” y que es inevitable la derrota de la oposición; segunda, una amplia operación mediática para desacreditar la efectividad de las acciones y los eventos de proselitismo de la precandidata Gálvez: múltiples analistas de todos los canales y medios de comunicación se dieron vuelo ilustrando, a su juicio, los desaciertos de la precampaña opositora, la cual –de acuerdo a sus sesudos análisis- solo puede tener por destino el fracaso electoral, no faltando quien augurara un tenebroso tercer lugar para la abanderada “prianredista”; y, tercera, la alineación del discurso de la precandidata Sheinbaum con el del presidente de la República: quizás el equipo de campaña considera que este “nado sincronizado” transfiere a su candidata la aprobación presidencial o que es indispensable para sostener su nivel de aceptación entre los segmentos leales al presidente.

Como sea, de aquí al 18 de enero, cuando concluye este periodo de precampañas, observaremos, fundamentalmente, el despliegue de estrategias propagandísticas que, seguramente, incidirán en las preferencias ciudadanas y podrán reconfigurar las posiciones de arranque en la campaña. De especial interés serán los despliegues promocionales de Xóchitl Gálvez y de Samuel García: ambos apuntan hacia arriba; veremos si acortan distancias. Igualmente, observaremos si el Frente opositor será una competencia real porque, hasta ahora, el equipo de la campaña presidencial no ha dado luces de estar a la altura del reto. Ganarle a la candidata oficial, vencer al aparato de Estado que la respalda, es una hazaña que requerirá el trabajo de un equipo de expertos capaces de potenciar los atributos de Xóchitl Gálvez.

Por otra parte, parece que el presidente de la República considera que entre más proyectos pendientes y obras inconclusas herede a su sucesora, mayor será el control que tenga sobre la continuidad de su 4T. Quizás el presidente también confía en que junto con las tareas en proceso transferirá sus bonos de simpatía popular a la candidata de su movimiento. El mensaje parece ser que, de ganar Morena, más que cambio con continuidad, el próximo gobierno será de continuidad a secas.

Desde luego no es una noticia alentadora que el presidente pretenda anclar la trascendencia de su proyecto en una continuidad forzada y, menos aún, en la pretensión de una reelección disfrazada: de ganar la elección presidencial, Claudia Sheinbaum cumpliría, apenas, un papel gerencial, de administración de las decisiones encargadas, desde ahora y desde antes, por el actual presidente. En todo caso, con estas acciones, AMLO manda el mensaje de la inevitabilidad del triunfo de su movimiento. Promotor de las reglas del antiguo régimen de partido de Estado, el presidente supone dominar todos los hilos que mueven la incertidumbre en una elección libre, democrática, constitucional.

Empero, hasta ahora las cosas marchan, para la mayoría de los involucrados, a un ritmo previsto: mientras la confrontación política se mantenga en un entorno de paz y las instituciones electorales hagan su trabajo, el resultado final siempre estará en la voluntad mayoritaria de las y los ciudadanos.


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