Escrito por el noviembre 6, 2023

COLUMNA SIC SAC

HANAL PIXÁN

 

Por M.A. Elda Clemente reyes

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), declaró en 2008 esta festividad como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, por su importancia y significado en tanto se trata de una expresión tradicional-contemporánea y viviente a un mismo tiempo, integradora, representativa y comunitaria.

Se acerca la celebración del Día de Muertos. Esta ceremonia en la visión indígena implica el retorno transitorio de las ánimas, quienes regresan a casa, al mundo de los vivos, para convivir con los familiares y para nutrirse de la esencia del alimento que se les ofrece “Hanal Pixán”, que en lengua maya significa “Comida de las almas”.

Vienen los finados, pero también en estas fechas echamos de menos a nuestras fieles y queridas mascotas.

El “desfile” de las animas comienza el 27 de octubre, con la visita de los animales que hayan pasado el arcoíris; el 28 los fallecidos de manera trágica, por violencia o accidentes; el 29 está dedicado a recordar a las personas que murieron ahogadas, mientras que el 30 se destina a los olvidados o quienes no tienen familia que los recuerde y 31 son días dedicados a los niños que agonizaron sin haber sido bautizados.

De acuerdo con el calendario católico, el 1° de noviembre, corresponde a Todos los Santos, día dedicado a los “muertos chiquitos” o niños, y el día 2 de noviembre, a los Fieles Difuntos, es decir, a los adultos.

En jueves y viernes santo, recordamos a los que la muerte tomó por sorpresa, a los que se fueron por Coronavirus y no debían irse, y, a los que voluntaria e involuntariamente, ofrecieron sus vidas al cielo.

Los altares son decorados con flores de cempasúchil, papel picado, calaveritas de azúcar, fotos, frutas, pulque, veladoras, pan, mole o algún platillo, que le gustaba a quien va dedicada la ofrenda, son una forma de rendirles homenaje, por todo el bien que hicieron en esta tierra y oramos a Dios por ellos.

Este año viviremos esta celebración mexicana, con un escenario de defunción rimbombante: las secuelas del Covid-19 contabilizó más de 286,000 decesos en el país, a dos años de distancia las secuelas que dejó en la gente siguen cobrando vidas; el desastre natural en Acapulco, ya suman más de 40 muertes ocasionadas por un fenómeno natural que por su magnitud fue prácticamente imposible evitar consecuencias fatales, aunque para muchos es fácil buscar culpables.

Números apocalípticos y un claro ejemplo del Jinete de la Muerte que cabalga libre por el territorio mexicano.

Simbólicamente los humanos mueren dos veces; cuando fallecen y, cuando nos olvidamos de ellos. Por eso, nuestra tarea es recordar el vínculo que nos une con el más allá.

Pero, no nos atribulemos ni tengamos miedo, no olvidemos que Jesucristo venció a la muerte triunfó sobre Satanás y resucitó. Su resurrección fue una derrota de la muerte “Y tengo las llaves de la muerte y del Hades». (Apocalipsis 1:18)

Los creyentes que se han «dormido» igualmente resucitarán. Jesús prometió: «porque yo vivo, vosotros también viviréis» (Juan 14:19).

Y, aún guardamos su promesa: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente”. Juan 11: 25-26

Somos conscientes de que algún día habremos de partir para vivir en la eternidad de la mano del Creador. No sabemos con exactitud el día, la hora y la forma, tenemos claro, que ese momento llegará.

¿Estamos preparados?


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