Escrito por el diciembre 3, 2022

El camino de Santiago

Franck Fernández 


Cada religión tiene los suyos y para los católicos los tres primeros lugares de peregrinación son Tierra Santa, Roma y, en tercer lugar, la catedral de Santiago de Compostela. Pero hagamos un poco de historia. Santiago y su hermano, Juan el Evangelista, fueron de los primeros Apóstoles que siguieron a Jesús en todo su camino, al igual que Pedro. A la muerte del Señor, Santiago partió a las tierras que hoy son España entrando por lo que actualmente conocemos como Andalucía y se dirigió hacia las tierras de la hoy Galicia. Trató de predicar la buena palabra con muy poco éxito y se regresó a Palestina. Allá Herodes Agripa mandó a atraparlo y lo decapitó.

Dos de los discípulos de Santiago, Atanasio y Teodoro, montaron con el cuerpo del santo en una barca que pusieron en manos de las corrientes y los vientos del Mar Mediterráneo. La barca atravesó el estrecho de Gibraltar y vino a carenar en una playa de Galicia. Una vez en tierra firme, llevaron el cuerpo del santo para su entierro. Aquí también fueron enterrados Atanasio y Teodoro.

Un peregrino de nombre Pelayo que pasaba por aquellos lugares 800 años más tarde vio unas estrellas que le indicaban el camino hacia un cerro en el cual había una especie de fuego fatuo. Esto, acompañado de cantos de ángeles. Fue a ver al obispo de la zona, Teodomiro, que al escuchar de los campesinos que también ellos veían las luces y escuchaban los cantos de ángeles, hizo que se removiera la tierra del lugar y encontró los restos del santo y sus discípulos. De inmediato dio parte al rey de Asturias, Alfonso II. El propio rey Alfonso caminó desde Oviedo, donde estaba su capital, hasta el lugar donde se había hecho el descubrimiento para dar crédito del hallazgo e hizo construir una iglesia en ese santo lugar. Más adelante los diferentes reyes agrandarían y enriquecerían la iglesia en cuestión hasta convertirla en la catedral que hoy conocemos. Inmediatamente después de la peregrinación de Alfonso II, otros creyentes vinieron a visitar el lugar y el “campus stellae” (campo de las estrellas) que viera Pelayo dio lugar a Compostela, Santiago de Compostela. La primera iglesia también dio nacimiento a un asentamiento humano que poco a poco se convirtió en la pujante ciudad de hoy.

No solo los españoles vinieron en peregrinación a la tumba del escogido por Jesús. Primero comenzaron a llegar los franceses y después del resto de toda la Europa cristiana. En 1140 se creó el Codex Calixtinus, en el que se explicaba qué hacer y qué no hacer para tener un viaje feliz y sin incidentes, ya que en aquella época los peregrinos demoraban meses y años en realizar el viaje que no estaba exento de los mayores peligros. Se puede decir que el Codex Calixtinus fue la primera guía turística del mundo. El Papa Calixto II fue quien decretó que cada año en que el 25 de julio (día de Santiago) cayera domingo, los que estuvieran en la catedral podían obtener la completa redención de sus pecados. Es lo que se llama año jacobeo. Esto se produce con mucha más frecuencia que los 25 años necesarios para el jubileo romano, que era cuando se perdonaban les pecados de los visitantes de Roma.

Símbolos de los peregrinos a Santiago son el sombrero de alas anchas para protegerse del sol, una gran capa para protegerse del frío, el bastón, que no solo servía de apoyo para caminar entre las montañas sino como defensa contra los lobos y los ladrones, y la concha de la vieira que se encuentra en las playas de Galicia. La presentación de la concha de Santiago durante el viaje de regreso era casi una patente de corso porque, a todos aquellos que regresaban de Santiago, se les consideraba casi santos.

Hacia 1500, el éxito de las peregrinaciones a Santiago comienza a decaer. Las razones son varias, entre ellas los malos años de cosechas, las epidemias de peste por las que había pasado Europa, las guerras entre Francia y España que dificultaban el paso de las fronteras y la llegada del protestantismo. Lutero llegó incluso a decir que no había ninguna prueba de que los restos que allí se veneraban fueran de Santiago, los de un perro o los de una yegua. También es necesario decir que el pirata inglés Francis Drake saqueó la ciudad y el obispo, ante el temor de que robaran las reliquidas, las escondió tan bien que se llevó el secreto a la tumba. La decadencia del fervor por esta peregrinación cayó hasta tal punto que, en el año jacobeo de 1867, solo 40 peregrinos se dieron cita en la catedral. Con motivo de grandes trabajos de reparación que se hicieron en la catedral en 1869 se volvieron a encontrar los restos del Apóstol, cosa que anunció al mundo con gran júbilo el Papa León XIII.

Hubo que esperar el fin de la Segunda Guerra Mundial para que se produjera un resurgimiento del interés de los peregrinos por volver a visitar la tumba de Santiago. Es necesario decir que en estos momentos muchos ateos o católicos algo alejados de la Iglesia también emprenden esta peregrinación. Hacer el Camino de Santiago no es solo un encuentro con los preceptos religiosos y con el Señor, sino también un encuentro consigo mismo. Solo en 2017 más de 310 mil personas realizaron esta peregrinación y en las carreteras del norte de España a menudo se pueden ver muchos caminantes dirección a Santiago.

Nuestro querido Juan Pablo II fue quien pidió a los cristianos del mundo venir a Santiago. Las autoridades también se hicieron eco de este llamamiento y, en 1987, el Consejo de Europa lo declaró como Primer Itinerario Cultural de Europa. En 1995, la UNESCO declaró el Camino de Santiago como Patrimonio Mundial de la humanidad.


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