Escrito por el noviembre 8, 2022

La delgada línea

Roberto Oropeza Ortiz

Una columna sin duda se nutre de sus lectores. Esta Delgada Línea, en todos los espacios en los que la he publicado, siempre he tenido el honor de retroalimentarla constantemente con quienes me hacen el favor de leerla. Debo señalar que la pasada publicación donde hablamos de las cifras económicas nada halagadoras para la Entidad en los meses recientes me generó varios comentarios, que pude recoger en las redes sociales, pero también de viva voz de algunas personas que me hicieron el favor de comentarla.

De todos ellos pretendo rescatar en estas líneas los que considero ofrecen opciones para que algunas de las instituciones con las que ya cuenta el poder público en nuestro Estado ayuden a superar las dificultades que atraviesan muchos empresarios y empresas campechanas.

No tengo duda de que los empresarios campechanos son nobles, y están siempre dispuestos a poner de su parte para que la Entidad tenga buenas y nuevas oportunidades, pero no hay que confundir su nobleza con ingenuidad, ni con otras cosas, porque no lo son. Muchos de ellos además han sido durante muchos años observadores privilegiados de cómo se comporta el poder en el Estado; por eso me dicen «Campeche es más que baches», y los políticos ya se están tardando en salir de esa mala moda, porque están dejando marginados a sectores que también tienen voz y votos; nos dicen que le urge a  los legisladores campechanos, tanto locales como federales, de todos los distritos, ponerle manos a la obra y reunirse con los agentes productivos de cada una de sus demarcaciones para recoger y recuperar las exigencias empresariales que tiene cada productor y cada micro, pequeña, mediana y gran empresa que están asentadas en sus distritos.

Esos que llevan años sin auténticos estímulos fiscales y eso sí, apechugando los aumentos en gravámenes, como el impuesto sobre nóminas, que ahora es del tres y no del dos por ciento, aguantando ser los eternos cautivos y sin ver claros los beneficios. Hace mucho tiempo que el grueso del empresariado campechano no siente que los legisladores los toman en serio, por ejemplo, a la hora de plantear el paquete económico del Estado, que son los ingresos y los egresos de la entidad. Me dicen, fuera de algunas reuniones cupulares con algunas Cámaras no hay más; y se olvidan los políticos que el gobierno vive de los impuestos que pagan los empresarios, y hacen una acotación: en un Municipio, por ejemplo, los ciudadanos en general pagan por los servicios, pero los impuestos estatales y de los Ayuntamientos los pagan las empresas, y todas estas, del tamaño que sean, deben ser tratadas con la seriedad que merecen y que hoy por hoy la autoridad no les está dando.

Y no es que estén pidiendo las perlas de la virgen, pero ponen sobre la mesa una propuesta: ¿qué pasaría si ahora, pero ya, cuando está por discutirse la ley de ingresos y el presupuesto de egresos del Estado, se hacen los cambios legales  necesarios para que a través de una institución que ya existe como es BanCampeche, se destine no todo, pero si un tercio, el 1 por ciento de ese 3 por ciento sobre nóminas (y todavía al Estado le quedaría la nada despreciable recaudación del 2 por ciento restante) para que BanCampeche lo destine a otorgar créditos sociales, bien etiquetados para que nadie se agandalle, y financiar a las empresarias y empresarios  campechanos que a raíz de la pandemia cayeron a Buró de Crédito y por ese motivo esa institución de gobierno muchas veces los rechaza o les ofrece monto de risa que no les sirven para rescatar miles de fuentes de empleo?

Es cuestión de voluntad política, porque todo lo demás lo tienen, todos los elementos para hacerlo y detonar este financiamiento que urge; se trata de darle aire a empresas campechanas que tienen toda la experiencia y tienen mercado, pero muchas no han tenido más que bajar sus cortinas por la crisis del coronavirus al quedarse sin liquidez y ahogados en deudas.

El segundo punto tiene que ver con PEMEX, la empresa productiva del Estado, que prometieron tendría sus oficinas centrales en la Entidad, y para que esto ocurra ya pocas esperanzas quedan. Pero hay algo, nos dicen, que a la petrolera si se le puede y se le debe exigir y presentarle un proyecto en consecuencia, para que los principales proveedores de sus operaciones en la Sonda de Campeche dejen de ser los tabasqueños, y los poblanos, y en menor medida algunos yucatecos (que son además «coyotes» de la producción de Campeche) y se les exija ese beneficio para nosotros, que además traerá doble provecho, pues no sólo dejará la derrama económica en la Entidad, sino también el pago de impuestos en el Estado para incrementar la recaudación estatal, que eso hoy no ocurre, porque las empresas que principalmente le venden a Pemex hoy tributan en otras entidades  o tienen sus domicilios fiscales en la Ciudad de México.

Todo esto, nos reiteran, requiere de voluntad política porque el gobierno ya lo tiene todo para armar los proyectos ,además de que la información está ahí, es gratuita, la tienen instituciones como el INEGI o el INFOCAM; la tiene el Censo Económico, que además hay uno  muy reciente; ahí están los datos, el insumo para que la dependencia que tenga en sus manos la labor de planeación la integre y traslade los planteamientos a las Secretarias que tienen que ver con los sectores económicos, para que  incluyan esta y otras propuestas y visiones en el paquete económico 2023. Pero urge que despierten, y lo hagan ya, porque si no tampoco se reflejará ningún avance el próximo año.


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