Escrito por el noviembre 7, 2022

Tepetitán (La feria)

Inosente Alcudia Sánchez

Desde los primeros días de agosto comenzaban a llegar “los coletos”. Así llamaban en el pueblo a los trotamundos que se instalaban en los caseríos con sus cargamentos de seductoras golosinas y vistosas chucherías. Esos descendientes de gitanos, que eran animadores indispensables de la feria con que cada año Tepetitán festeja a la Virgen de La Asunción, se trasladaban en viejos carromatos adaptados para el triple propósito de ser mostradores de tienda, casas-habitación y medios de transporte y carga. Acomodaban sus destartalados vehículos en los alrededores del parque y en un dos por tres los transformaban en atractivos aparadores que eran una tentación para los niños. Para cautivar en forma definitiva la atención de clientes y curiosos, siempre acarreaban algún perro de raza y apariencia exóticas, o algún mono araña, que languidecían de aburrimiento mientras los espectadores esperaban en vano ejecutaran alguna genialidad. Las y los coletos eran originarios de tierras lejanas, habían llegado desde el otro lado del mundo, y así lo probaban su lengua inentendible, sus ropas extravagantes y su imagen de descuido y suciedad, de renegados del baño, del agua y del jabón; muy contrarios al hábito que nos llevaba todas las tardes a nadar durante horas en el desbordado río de agosto.

Después de los coletos arribaban los escasos juegos mecánicos, entre los que despuntaba la rueda de la fortuna. Los giros de la noria permitían ver al pueblo completo desde las alturas y era de ricos subir más de una vez al artefacto. La feria se completaba con juegos inocentes que premiaban con algún muñeco de peluche la imprudencia de los participantes irremediablemente condenados a perder. También, a veces, aparecían los estafadores de “la bolita” que evadían los ojos de la autoridad y hacían “su agosto” con los cándidos campiranos que aspiraban arreglar sus vidas con un golpe de la fortuna. Desde luego, al final de la calle principal tomada por los fiesteros se improvisaba un galerón destinado a la indiscriminada venta de cerveza. Eran tres días de euforia colectiva en los que tepetitecos y vecinos de las comunidades aledañas, vestían sus mejores ropas y gastaban sus ahorros en el disfrute mundano de aquella feria religiosa.

Desde Clemente Reyes hasta El Barrial, desde Castro hasta Juan Vaquero, a pie, en lancha o a caballo, se desplazaban familias enteras para participar en las misas y, sobre todo, para regocijarse en los juegos mecánicos, en la compra de inútiles colchas para el bochorno del trópico, en el disfrute de los adornados puestos de trastes, dulces y juguetes. Las noches del 13, 14 y 15 de agosto culminaban con un baile amenizado por los músicos más prestigiados. Chico Ché y La Crisis, Carmito y Los Supremos y otros ídolos hicieron retumbar las noches acuosas del feriado Tepetitán. Había un tiempo muerto, entre el fin del baile y el inicio del amanecer, en el que los foráneos padecían el desvelo y la resaca en espera del momento de emprender el regreso a casa. Pero, lo bebido y lo bailado nadie te lo arrebataba.

Una tarde, a las afueras del pueblo, por el rumbo en donde se habilitaba un campo de béisbol en las temporadas de seca, apareció una especie de carpa de circo sobre el enlodado suelo pantanoso. El desconcierto que provocó aquella aparición inusitada duró poco: nadie se atrevió a decirlo en voz alta, pero el rumor se esparció hasta la ranchería más lejana: lejos de las luces, la música y el barullo de la feria, aquel toldo gigantesco era un espacio para el peor de los pecados.

Así, durante las noches de feria convocadas por la celebración religiosa, protegidos por el sigilo de la oscuridad, en grupos o solos, los varones escapaban de la algarabía familiar, dejaban la encendida calle principal, y se internaban en la negrura lodosa que los conducía a la tienda inmunda. De cerca, se alcanzaban a escuchar las canciones de una rockola que, a bajo volumen, pretendía animar con canciones de la eterna Sonora Santanera a los que osaban internarse en la lóbrega carpa. Y es que, subrepticiamente, como queriendo esquivar la mirada inquisidora que acusa a los pecadores, católicos, agnósticos y ateos apuraban la amarga miel, pero miel al fin, del vicio de la carne.

Entre goteras, en lechos improvisados de jahuacte y majagua, como en los tiempos de la abuela desalmada de la cándida Eréndira, un equipo de hetairas ofreció placeres desconocidos a muchos inocentes y no faltó quien pensara que su arribo era presagio de la inminencia del progreso que, desde siempre, esperaba el pueblo. En serio, hubo quienes pensaron que aquél prostíbulo errante era el anuncio de que la Villa había transitado a Ciudad y que las prostitutas eran mensajeras de una etapa superior de prosperidad.

El 16 de agosto el pueblo amanecía con la tristeza agudizada por la cruda de tres días de embriaguez, de ganas de olvidar lo que hubiera que olvidar… Tepetitán despertaba al recomienzo con el que Sísifo vuelve a empujar la pesada roca hasta la cúspide de la montaña. Ese mismo día, en la madrugada, los coletos y los fiesteros comenzaban el desmantelamiento de los juegos mecánicos y desaparecía el toldo que protegió de las lluvias vespertinas a los bebedores y no quedaba huella del burdel de feria donde justos y pecadores habían convivido como hermanos. Urgidos por escapar de aquel pueblo somnoliento, de un día para otro se disipaban las horas de alegría que habían alentado los venteros de trastes y, otra vez, la rutina se asentaba con la misma terquedad con que la crecida del río arrastraba animales muertos. Quienes regresaban a sus casas en lancha, tenían que esquivar las vacas infladas que flotaban con el adorno de decenas de zopilotes que disputaban las vísceras del pobre animal que no había sobrevivido a las inundaciones tercas del río de mis memorias.


Opiniones

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos obligatorios están marcados con *



Continuar leyendo

Post Siguiente


Miniatura
Post Anterior


Miniatura

Radio Fórmula

97.3 FM

Canción actual

Título

Artista

Background