Escrito por el octubre 24, 2022

Archivo Abierto

Aquel Octubre de 1997…

Luis Ferrer Novelo


Hoy narro desde mi perspectiva lo que se vivió ese 19 de Octubre de 1997. Son sólo los hechos que se percibieron desde Palacio de Gobierno, del otro lado de la barrera; será sin politizar, sin demagogias, sin apasionamientos, los hechos como los viví.

Aquel 1997 fueron las elecciones más controvertidas para el Gobierno del Estado. Había sido una campaña dura, intensa por momentos, con descalificaciones de todos lados, recorridos por todo el Estado, Campeche estaba encendido con el fervor electoral. El día de la votación casillas secuestradas, revueltas aisladas en la zona de Carmen, Escárcega y Candelaria, principalmente; el PRI perdía la alcaldía en Champotón, ganaba ocho. En Hecelchakán avisos de no poder realizar el conteo porque habían quemado boletas electorales. Se fraguaba la teoría del fraude electoral.

Ante el resultado se alzó la voz de Layda Sansores, ¡resistencia civil!, primero en el norte del Estado, Hecelchakán y Tenabo; después en Cd. del Carmen. Campeche, la capital, fue el último municipio donde se alzó una multitud de casi cuatro mil campechanos en el “sepelio de la democracia”, encabezados por Nelson Gallardo Ordoñez, candidato del PAN a la alcaldía de la capital.

Así comenzó todo, así lo consignan los escritos de la época, ríos de tinta que dieron para escribir los meses siguientes de manifestaciones, irrupciones a órganos electorales, dependencias de gobierno, calles y finalmente la plaza de la república, el escenario final.

La mañana del 19 de Octubre fuimos convocados a una reunión en las oficinas de Comunicación Social de Palacio de Gobierno; había que pasar varios filtros para entrar al perímetro impuesto por la policía estatal, convertida en antimotines. La reunión fue para pedirnos el mayor número de imágenes y montar guardia en la sede del gobierno, pues se preveía que ese día la resistencia civil trataría de tomar el palacio, después de la llegada de Layda Sansores de la capital. El camarógrafo asignado a la fuente y un pull más, comprendido de cámara, asistente y un productor; la gente cercana a González Curi llevaba días encuartelada. Nuestro bunker sería el Salón Gobernadores, donde está el balcón que da a la Plaza de la República y es escenario de los gritos del 15 de septiembre; desde ahí teníamos una visión panorámica del campamento montado por la resistencia.

El movimiento realizaba en diferentes horarios sesiones informativas con discursos y arengas contra el recién nombrado gobernador, momentos de cantos, todas versiones escritas exprofeso para la resistencia; momentos de oración, con la participación de pastores de diversas iglesias; los alimentos se daban por pequeños grupos formados en toda la explanada, con casas de campaña, algunas improvisadas con mantas e impermeables, lugar donde convivían niños, mujeres y jóvenes, haciendo guardias permanentes en la primera línea pegados a las vallas puestas por la policía estatal.

Ese 19 de octubre el ambiente estaba tenso. Acabábamos de vivir la “marcha de las cazuelas”, cuando un grupo de varios cientos de personas, principalmente mujeres se encaminaron a la casa del gobernador, ubicada sobre la avenida universidad. Cazuelas en mano caminaron por el malecón hasta «Lazareto» y de ahí a unos metros la casa en ese entonces, con rejas sencillas y entrada principal sin mayor protección, fue objeto del escándalo causado por el ruido del chocar de las cazuelas y arengas en contra de González Curi, calificándolo de espurio, corrupto y represor; una vez logrado el objetivo la turba se disipó y regresaron a la plaza.

Los ánimos estaban a flor de piel. No sé bien como inició; la estela de humo llamó nuestra atención, en pocos minutos la gritería y los chorros de agua empezaron a replegar a la gente, se oían disparos de mortero de los gases lacrimógenos, se rompió el cerco que rodeaba el palacio y los antimotines ingresaron en la Plaza. La gente la mayoría corrió en dirección al centro, otros al estacionamiento del hotel Baluartes, los más aguerridos, en su mayoría foráneos, se enfrentaron a la ola negra que con macanas desbarataba fogatas y casas de campaña y abría el cerco para encapsularlos sobre la calle 8 en dirección a la entrada del sótano de palacio, ahí supimos los fueron integrando, sentados todos en el piso y reunidos en grupos. La escaramuza duro unos 45 minutos intensos.

El forcejeo siguió cuando se reagrupó un conjunto de manifestantes que pedían ambulancias y reclamaban por los detenidos en el sótano de palacio; dentro también había confusión, los pisos del palacio, los cuatro, estaban con elementos de antimotines; un grupo de los medios de guardia bajó al sótano con la intención de tener impresiones del momento, no le fue permitido; solo el camarógrafo de la fuente de gobierno para que grabara video. En la plaza desde arriba sólo oíamos los gritos de los manifestantes, la mayoría insultos; en la plancha llena de agua, humeaban los fogones y algunos revisaban entre lonas y mantas si había alguien debajo.

A la medianoche o pasadas las 12, nuestra atención se centró en la oficina del gobernador en el cuarto piso. Para entrar ahí había que pasar una serie de corredores; desde la recepción se pasa a una pequeña sala y de ahí tres puertas, una a otro pasillo que da acceso a la oficina del particular; otra más que daba acceso a una sala de juntas con una mesa enorme y de ahí un acceso al despacho del gobernador. La tercera puerta va hacia un pasillo lateral que conecta las dos oficinas principales en el cuarto piso, la del secretario de gobierno y la del gobernador, pasando antes de llegar por un baño, una cocinita donde se prepara café y un cuartito de intendencia. Por ese pasillo nosotros transitábamos cuando el gobernador llamaba al director de la Televisora Estatal para algún asunto, realmente en ese momento éramos muy pocos los que estábamos ahí.

Llamó mi atención que en la sala de juntas, distribuidas en las mesa, había mapas del estado y de la ciudad, lugar a donde al poco rato comenzó a tener actividad, una a uno, familias enteras, como le digo la mayoría de poblados cercanos, fueron desfilando eran parados en un extremo de la mesa y en el otro parado, balanceándose, arreglándose el bigote Antonio González Curi, nosotros agazapados en el pasillo seríamos testigos de esas escenas, la familia toda mojada de frente al gobernador respondía las preguntas, ¿Cuál es tu nombre?, ¿de dónde vienen?, ¿sabes quién soy yo?.- “Tony” respondía el señor.- En tono más fuerte se oía… ¡Yo soy el gobernador de éste estado y Layda los está utilizando!, en tono más ecuánime después de dos o tres palabras fuertes y pasos de un lado a otro, conciliaba… Ustedes son gente de trabajo, les va ir bien conmigo… El caso que me tocó vivir fue de dos jóvenes uno adolescente y otro ligeramente mayor, que después de la carajiza, se oyó ordenar al gobernador! que los lleven a la terminal, que se vayan a su pueblo… indicación que a falta de personal me fue encargada a mí. La condición era llevarlos hasta la terminal, comprarles su boleto y verificar que abordaran el autobús, misión que cumplimos al pie de la letra; sin embargo, siguiendo la ruta del autobús, cuadras más adelante, sobre la avenida Gobernadores, se bajaban corriendo para reintegrarse a la plancha de la Plaza de la República.

Largo fue ese 19 de Octubre de 1997. Creo que Antonio González Curi gobernó con el fantasma de ese día, que lo persiguió hasta después de su mandato, a 25 años de distancia.

 


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