Escrito por el septiembre 2, 2022

Así las cosas

Cuenta la leyenda…


Los pleitos, difamaciones, calumnias, mentadas de madre, denuncias, quejas, la animadversión y la enemistad, entre otros muchos, cuenta la leyenda que quedaban sepultadas en las campañas políticas. Terminada la elección o elecciones, daban la vuelta a la página y cada quien a lo suyo: quienes ganaron a trabajar y quienes no tuvieron la fortuna a negociar, o sentarse a esperar la próxima oportunidad.

En la administración de Jorge Carlos Hurtado, a quien nadie consideraba político porque muchos lo conocían como un buen contador y administrador, dando por sentado que no lo dejarían trabajar, principalmente el Partido Acción Nacional cuyo  candidato, Juan Carlos del Río, quedó a nada de ser el primer gobernador de oposición y su dirigente de entonces, Jorge Nordhausen, así lo presentaba en los ayuntamientos donde habían ganado las elecciones, logró reunir a todas las fuerzas políticas, bajar recursos económicos y programas. No concretó su gobierno, aunque lo peleó con todo, que contemplaran la refinería anunciada por el gobierno de Felipe Calderón, para fortuna de los campechanos. De lo contrario, tendríamos una enorme barda como la que hay en Hidalgo, sin utilidad alguna.

El PAN no le ha hecho el feo nunca a negociar. Cuando se veía venir alguna tormenta o algo parecido activaban el oficio político. Recordemos que el Partido Acción Nacional colocó en la administración estatal a un candidato a la gubernatura, Miguel Montejo; y a un candidato a la alcaldía, su primo José Jesús Montejo Blanco. Y todos en santa paz.

Viene a cuento lo anterior, porque en los últimos lustros, parece que el deporte preferido de los políticos, convertidos en funcionarios y servidores públicos, varios de los cuales ni funcionan, ni sirven, es pelear. Sobre todo quienes se hacen llamar neopolíticos, no saben no saben tejer acuerdos, urdir negociaciones.

El tristemente célebre Alejandro Moreno, hoy más quemado que Juan Carnaval, puso el mal ejemplo.  Vilipendió hasta los de casa; a la vieja militancia del PRI con todas sus palabras les dijo que los quería fuera y a la oposición la acalló.

Peleó con quienes no aceptaron someterse a sus caprichos, como el alcalde de Carmen, Pablo Gutiérrez Lazarus y simuló un enfrentamiento con Eliseo Fernández, que al final del camino (que es su frase de moda) quedó exhibido que siempre fueron aliados. Y su sucesor y hoy embajador en República Dominicana, Carlos Miguel Aysa, no canta mal las rancheras: sumiso ante sus superiores y grosero y prepotente a quienes están bajo su mando, por eso se vendió bien y hoy está donde está.

Por partes: a Gutiérrez Lazarus quiso imponerle el Mando Único de la policía y lo ahorcó presupuestalmente. El resultado: un mal gobierno.

Para rematar se empecinó en meterlo a la cárcel, con tal de evitar se reelija como alcalde.  Lo logró, robando la elección con la complicidad de consejeros y magistrados electorales. Para que se den una idea, del tamaño del atraco: los paquetes electorales tardaron en llegar una semana a la junta distrital, como si en la isla tuvieran que atravesar un desierto, una helada o algo parecido. Había cumplido con el sueño de Óscar Rosas, de su amigo, de su hermano.

Una historia similar: quedó fijado en la figura de Gutiérrez Lazarus, le dio por denostarlo y en cumplir el sueño de quien lo impuso: meterlo a la cárcel.

¿Qué pasó?

Se olvidó que era alcalde y cuando reaccionó era demasiado tarde. El brother quiso repetir, quiso la reelección, pese a su mal gobierno, a su inacción. Los carmelitas votaron de nuevo en contra y Gutiérrez Lazarus lo derrotó por amplísimo margen.

Él sí aprendió la elección, no se pelea con nadie en esta segunda oportunidad, tiene buenas relaciones con la gobernadora Layda Sansores y está dedicado a lo suyo.

Respecto al municipio de Campeche el pleito simulado fue con Eliseo Fernández, que mucha gente se lo compró, generándole simpatías y a la postre votos.

El mismo efecto en Carmen: allá le allegó, sin darse cuenta, gente a Pablo y candidatos de Morena; y acá a Eliseo y los candidatos de MOCI, en detrimento de la alianza y de su candidato a gobernador.

Y el otro resultado: el mal gobierno de Fernández Montufar, que creyó que con subir sus fotos a las redes, ganar centenares de comentarios y “me gusta” con eso se iban a bachear e iluminar las calles. Un gobierno desastroso. No lo digo yo, la realidad está en las calles de los barrios, las colonias y los fraccionamientos.

Deben tomarse estos dos ejemplos, como muestra de que los enfrentamientos, lloriqueos y pasarse todo el día en las redes sociales no resuelve nada, en cambio es garantía de malos gobiernos.

Cuenta la leyenda que nos ha ido mejor cuando quienes gobiernan se dedican a trabajar, olvidan la elección siguiente y el escalón al que quieren llegar.

Esta historia continuará….


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